martes, 21 de noviembre de 2017


¿Pueden la bioingeniería y la biotecnología salvar nuestro planeta?

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Cuando el profesor Daniel C. Nocera, de Harvard, comentó que estaba tratando de crear una hoja biónica, con la cual la intención era producir energía con un nivel de efectividad superior al de la planta, otros docentes dijeron que era imposible. Se tardó, pero Nocera lo logró: en mayo de 2016, anunció que había usado una bacteria modificada para convertir la luz del sol en isopropanol, isobutanol e isopentanol con una eficiencia jamás vista.

La iniciativa es sólo una entre todas las de los campos de la bioingeniería y biotecnología, áreas de la ciencia que han llamado la atención en los últimos años, principalmente después de que temas como el calentamiento global y sustentabilidad se posicionaran en los titulares. Antes que nada, una definición de biotecnología y bioingeniería: técnicamente, la bioingeniería es la aplicación de conceptos y métodos de la ingeniería en la resolución de problemas relacionados con la biología. Su campo de actuación se centra, principalmente, en la salud. Con tantas discusiones sobre el medio ambiente, el área sobre sustentabilidad se ha expandido.

La biotecnología es semejante, pero su definición es "la utilización de sistemas biológicos (organismos vivos y sus derivados) para fabricar o modificar productos o procesos para un uso específico" según la Convención de la Diversidad Biológica de la ONU.

"A partir del momento en el que la naturaleza perdió condiciones para asimilar y neutralizar el consumo del planeta, se llegó al problema de la sustentabilidad. El mundo se está volcando hacia esta área de la ciencia para resolver esta grave cuestión", dijo el Prof. Dr. Pedro de Oliva Neto, del Departamento de Ciencias Biológicas de la UNESP.

Para Oliva, el gran interrogatorio que la bioingeniería y la biotecnología tratan de responder es: "¿cómo desenredar el nudo y hacer viable la energía para el país y el planeta de manera sustentable, sin que ataquemos el área destinada a los alimentos? Este es el siglo de la energía. Esta cuestión se ha vuelto central", comenta. "La biotecnología y la bioingeniería a escala global respaldan procesos y bioprocesos con miras a la producción de energía. Esta es un área extremamente importante para la producción de plástico, que puede ser una nueva matriz y una alternativa a la industria del petróleo", agrega.

Esta preocupación por la sustentabilidad ha sido una de las motivaciones de Daniel Nocera, quien años atrás buscaba una fuente de energía sustentable. En 2010, ya había creado una hoja artificial parecida, pero ésta producía hidrógeno como combustible. "Si te diera mi hidrógeno renovable, lo único que harías sería inflar globos. No existe una infraestructura para el hidrógeno", explicó a Forbes. Con ese primer experimento, Nocera consiguió que el hidrógeno de la planta se combinara con alcohol combustible para utilizarse de la misma forma en que el diésel se usa actualmente y llegar al resultado que tuvo recientemente.

La expectativa es que el método impacte en la sustentabilidad y sea una fuente de energía. Mientras la luz del sol es convertida por las plantas en biomasa con 1 % de eficiencia, ya que éstas usan la mayor parte para sobrevivir, la bacteria de Nocera produce alcohol con un 6,4 % de eficiencia, cifra que asciende a 10 % cuando hablamos de biomasa. La bacteria consume hidrógeno, su única fuente de alimentación, respira CO² y puede multiplicarse y procrear.

¿La bioingeniería es el futuro de la sustentabilidad?

Para Oliva, estos proyectos pueden ser el futuro de la sustentabilidad. Para él, la gran cuestión es crear tecnología que transforme residuos domésticos en alimentos y energía. "Reduciría la contaminación ambiental y produciríamos energía de manera sustentable sin utilizar las áreas destinadas a la agricultura", explica.

La iniciativa de Nocera es sólo una de las varias que están intentando buscar nuevas fuentes de energía sustentable. "Tenemos iniciativas en Italia y en Holanda de empresas que están tomando ese camino. La idea es desarrollar procesos de hidrólisis de residuos en los que las moléculas se quiebran y las sustancias se pueden utilizar para otros fines. Por ejemplo, los residuos lignocelulóticos (materiales fibrosos constituidos de celulosa) se pueden hidrolizar y transformar en glucosa y otros azúcares susceptibles de ser fermentados, para desarrollar biocombustibles como el metano y otros", explica.

Oliva también habló sobre algunos de los proyectos que ha desarrollado en la UNESP. En la mayoría de éstos, los objetivos son dos: buscar otras fuentes de energía y reutilizar los residuos que desechamos. Uno de ellos utiliza residuos para la producción de proteína unicelular y para la ración animal. El proyecto también promueve la producción de enzimas para uso y aplicación en el área de hidrólisis de residuos para la producción de etanol. "Dentro de este alcance del proyecto de la FAPESP, la reducción de insumos químicos que se usan para el blanqueamiento del papel y de la celulosa, que generan un influyente altamente tóxico, desarrollamos un método en el que reducimos el proceso de productos químicos", cuenta.

En otra iniciativa, el profesor inauguró la hidrólisis de basura. "Estamos hidrolizando la basura de los restaurantes para obtener compuestos de valores agregados como la producción de etanol", explica. Este etanol tendría una pureza del 50 % y se destinaría a la limpieza, del tipo que se vende en el mercado. "El eslogan será la basura que limpia", bromea.

Oliva admite que los problemas de las fuentes renovables y de los residuos son graves. "Son billones de residuos en la naturaleza", cuenta. Pero él cree que la bioingeniería y biotecnología tienen el potencial de revertir este escenario. "Es la puerta de acceso para encontrar fuentes de energía alternativas", dice.

FUENTE: IQ